I.
ayer fui testigo de la muerte en escena
de artaud
y del zapato que colgaba
al borde
de la cama
¿o debería decir:
fui testigo
de la muerte
de un desdoblamiento?
te hubiera encantado el muñeco de madera
colonia de termes
idéntico al original
de carne
y pálpitos
y meningitis
huéspedes
de una cama de manicomio
letrina
del gran manicomio
cuando me mataste
¿quien murió fue tu doble?
II.
años atrás
allá afuera
en el gran manicomio
éramos jóvenes
y usábamos narices de payaso
nuestros cuerpos ardían en preguntas
no sabíamos pensar
no sabíamos pensar más que en caricias
y piernas entrelazadas por cuerda tensada
en el lenguaje ciego de la noche
un sol ciego
un sol ciego tras los párpados
en la tormenta de las manos
hilos de cabello escurrían por las bocas
nuestros cuerpos llovían a través de las paredes
deshechos en vaho
enturbiaban las lenguas de vidrio
intentando responder
cuánto pesa una nube
III.
llevamos al escenario un ovillo de sangre menguante
y para beneplácito de las máscaras a la orilla
le practicamos una autopsia
sierra quirúrgica en mano
botamos un caballo hacia la lluvia
—oscuridad preñada de tempestad—
no hay parlamentos
sólo gritos
y cortes de tajo
y el eco
del agua
tras mucho trastabillar en un acto errático
sucede la caída de la bestia
a su lado
cuatro miembros patalean sanguinolentos
el temblor orificio de dos corazones
sueño coagulado en ojos grandes
y siempre abiertos
a los paisajes tolvanera del recuerdo
tu carne
nudo rojo
de mi carne
olor de tu cabello en una almohada para dos
té negro sobrevolando el aire antes del desayuno
sol de la mañana guillotinado por la ventana
las manecillas del reloj en el suelo
el pequeño cadáver del eclipse encalló en el proscenio
aplausos
y bostezos
artaud, teatro, manicomio, payasos, doble
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